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proxemia

Cómo pasártelo pipa en Navidad

Las cenas de Navidad son el lugar perfecto para practicar tu capacidad de observación no verbal. Te invito a que esta Navidad te diviertas de una forma diferente, a través de la observación.

Si consigues abstraerte un poco de la conversación para concentrarte en la observación, verás qué interesante es el lugar en el que se van sentando los comensales en la mesa. Según donde se sienten, la predisposición al diálogo es mayor o menor con el resto de comensales. Por ejemplo, si alguien se sienta enfrente o al lado tuyo, es más fácil que esa persona quiera conversar contigo. Si la mesa es rectangular o bien ovalada, fíjate en quién se sienta en las cabeceras. Si lo hace voluntariamente, sin que se lo indique el anfitrión, muy posiblemente esa persona considere que ostenta el nivel jerárquico dentro de la familia (o de la empresa si estás en la cena o comida de empresa). La observación de las posiciones sentadas dentro de una mesa se realiza dentro del canal de comunicación que llamamos proxémica.

También puedes dedicarte a observar las expresiones faciales de los comensales. Intenta no escuchar las conversaciones y sólo observa sus expresiones faciales. Es como ver la tele sin volumen. ¡De lo más divertido! Hazlo sobre todo cuando sirvan la comida y cuando lleguen nuevos invitados a la mesa. Observa las reacciones faciales de los que ya están sentados. ¿Se alegran? ¿Les gusta la comida? Las microexpresiones (expresiones faciales muy rápidas e inconscientes) te ayudarán a resolver las dudas.

Por último, otro ejercicio que puedes practicar en tus reuniones familiares estas Navidades es la observación de las fotos. ¿Hacia dónde apunta la cabeza de cada uno? Normalmente, al posar en las fotos, solemos inclinar nuestra cabeza hacia la persona con la que tenemos más afinidad. Obsérvalo. Por ejemplo, en esta imagen, ¿qué tal se llevan todos? Puedes dejar tu comentario más abajo.

 

 

Los chinos y la proxémica

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Durante 10 años, me dediqué a viajar a China por cuestiones de trabajo dos o tres veces al año, y me quedaba allí entre 15 y 20 días cada vez. Pero no sólo a grandes ciudades como Shanghai o Guangzhou, sino a la China profunda, a la que llegábamos unos pocos occidentales; sobre todo en los años 90, cuando China aún no se había abierto tanto al exterior. Recuerdo que apenas se veían coches en las “pequeñas ciudades” de unos pocos millones de habitantes y los occidentales les llamábamos mucho la atención.

Yo, por aquel entonces, aún no había estudiado nada de comunicación no verbal. Pero recuerdo que me llamaba mucho la atención algunas diferencias de comportamiento entre los chinos y nosotros. En concreto, y es de lo que os quiero hablar hoy, recuerdo que no seguían ni mucho menos las mismas reglas de proxémica que seguimos los occidentales.

La proxémica o proxemia se centra en el estudio de las distancias entre las personas. Se distinguen cuatro tipo de distancias.

La distancia pública es la que tomamos cuando vamos por la calle, o cuando damos una conferencia. supera los dos metros.

La distancia social es aquella que tomamos respecto a nuestro jefe o a personas desconocidas, con las que no tenemos ninguna confianza. Suele estar entre uno y dos metros.

La distancia personal es la que mantenemos con nuestros amigos y conocidos. Está entre medio y un metro.

Por último, la distancia íntima es la que reservamos a las personas con las que tenemos mucha confianza, a nuestros familiares, y pareja. Es inferior a 50 cm.

Pues bien, según lo que os acabo de explicar, se entiende que, en un ambiente de negocios entre desconocidos, así como en un mercado en la calle o en una tienda, la distancia que debemos tomar estará entre uno y dos metros. Sin embargo, en mis viajes a China recuerdo que me incomodaba mucho la poca distancia que mantenían los chinos con los que trataba. Al principio pensé que se trataba de una falta de educación. ¡Hasta me agarraba el bolso, por si acaso! Hasta que me di cuenta que, en realidad, de lo que se trataba era de una cultura totalmente diferente a la nuestra. Así que, aunque fui incapaz de romper yo misma mis reglas de proxémica, acepté que en aquel país las distancias eran mucho más cortas que para nosotros.

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La conclusión de esta historia es que hay determinados gestos y movimientos no verbal que son culturales, aprendidos. Y que, por tanto, cuando cambiamos de cultura, debemos tener muy presentes para no incomodarnos, como me pasó a mí, o incluso para no crear nosotros mismos una situación incómoda al saltarnos las normas no verbales del país que visitamos.

 

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