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Cómo pasártelo pipa en Navidad

Las cenas de Navidad son el lugar perfecto para practicar tu capacidad de observación no verbal. Te invito a que esta Navidad te diviertas de una forma diferente, a través de la observación.

Si consigues abstraerte un poco de la conversación para concentrarte en la observación, verás qué interesante es el lugar en el que se van sentando los comensales en la mesa. Según donde se sienten, la predisposición al diálogo es mayor o menor con el resto de comensales. Por ejemplo, si alguien se sienta enfrente o al lado tuyo, es más fácil que esa persona quiera conversar contigo. Si la mesa es rectangular o bien ovalada, fíjate en quién se sienta en las cabeceras. Si lo hace voluntariamente, sin que se lo indique el anfitrión, muy posiblemente esa persona considere que ostenta el nivel jerárquico dentro de la familia (o de la empresa si estás en la cena o comida de empresa). La observación de las posiciones sentadas dentro de una mesa se realiza dentro del canal de comunicación que llamamos proxémica.

También puedes dedicarte a observar las expresiones faciales de los comensales. Intenta no escuchar las conversaciones y sólo observa sus expresiones faciales. Es como ver la tele sin volumen. ¡De lo más divertido! Hazlo sobre todo cuando sirvan la comida y cuando lleguen nuevos invitados a la mesa. Observa las reacciones faciales de los que ya están sentados. ¿Se alegran? ¿Les gusta la comida? Las microexpresiones (expresiones faciales muy rápidas e inconscientes) te ayudarán a resolver las dudas.

Por último, otro ejercicio que puedes practicar en tus reuniones familiares estas Navidades es la observación de las fotos. ¿Hacia dónde apunta la cabeza de cada uno? Normalmente, al posar en las fotos, solemos inclinar nuestra cabeza hacia la persona con la que tenemos más afinidad. Obsérvalo. Por ejemplo, en esta imagen, ¿qué tal se llevan todos? Puedes dejar tu comentario más abajo.

 

 

Iñigo Errejón: el Harry Potter de la política

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Si Albert Rivera proyecta una imagen de “yerno ideal”, Iñigo Errejón es el “nieto perfecto”. No es el más guapo, ni el más fotogénico, ni siquiera el que más sonríe. Sin embargo, algo más que su rostro infantil le vale la simpatía del público. Y, al igual que Harry Potter luchaba contra el malvado Lord Voldemort, Iñigo Errejón se centra en su lucha contra la casta. No tengo claro si su propio padre pertenece a esa casta o no, pero ése no es el caso.

En estos días de campaña, podemos verle compartiendo vídeos instantáneos en su perfil de Facebook, con el objetivo, según él mismo, de acercar la campaña electoral a los ciudadanos. No sé si cuando te haces un vídeo a ti mismo también se denomina selfie, pero eso es lo que hace. Se graba en vídeo a sí mismo en cada lugar que visita la comitiva electoral de Podemos.

Fijaos en este ejemplo, de ayer mismo. Podéis quitar el volumen, si queréis. Y centraos en su expresión facial.

Si nos centramos en la parte superior de su cara, de cejas para arriba, apreciamos muchísima expresividad. Mueve las cejas contínuamente, y también la frente. Tanto las arrugas horizontales de la frente como las cejas elevadas por el lado interior son características de la expresión de tristeza.

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Esa expresión de tristeza suele coincidir con sus referencias a los ciudadanos, sobre todo a quienes lo están pasando mal. Aunque también es cierto que sus cejas están ligeramente más elevadas en su parte interna, con lo cual la expresión de tristeza es muy fácil de ver en él.

Otra cosa es cuando se refiere a sus oponentes o las cosas que según él están mal, e incluso cuando se refiere a sus propios errores.

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Las típicas arrugas verticales que aparecen en el entrecejo o glabela cuando nos enfadamos se adaptan perfectamente a su discurso.

Si hay un fallo gordo en comunicación no verbal que tienen prácticamente todos los candidatos es su falta de espontaneidad, su discurso aprendido y por tanto carente de emoción.Quieren llegar a nosotros apelando a nuestra emoción, pero sin conectar con la suya propia. Aunque lo cierto es que no es el caso de este político con cara de niño. Por cierto, que esa cara le ayuda a conectar con nosotros. ¿Cómo? Apelando a nuestros instintos más básicos (no tiene nada que ver con la película de Sharon Stone). Estamos programados para sentir ternura por los bebés y por los niños. Si os fijáis, los pequeños tienen los ojos y la boca más grandes en proporción que los adultos. Eso les sirve para llamar nuestra atención y que les cuidemos. En el caso de los adultos con cara de niños, como en el caso de Errejón, despierta en nuestro subconsciente el instinto materno o paterno.

Al igual que en el mundo mágico de Harry Potter, en el que la capacidad de hacer magia es innata más que aprendida, en el mundo electoral la capacidad de conectar de los políticos pasa por hablar desde la emoción, con gestos innatos más que aprendidos.

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¿Por qué sonreía Salah Abdeslam?

Abdeslam

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Salah Abdeslam fue uno de los terroristas que perpetraron los atentados de París. Su foto ha recorrido portadas de periódicos de todo el mundo. Pero hoy conocemos un vídeo perteneciente a una cámara de seguridad, en el que se ve a Abdeslam caminando y en el que muchos medios han reparado en un detalle: su sonrisa.

Efectivamente, se puede apreciar cómo, al pasar junto a la cámara de seguridad, Salah mira y sonríe (min. 0’40).

Pero, ¿qué significa esa sonrisa? ¿Qué se le puede estar pasando por la cabeza a un terrorista el día de antes de cometer los atentados para sonreir, a pesar de la presión y los nervios que seguramente tendría?

A lo mejor, si nos fijamos en cómo es esa sonrisa, podemos arrojar algo de luz a esta cuestión.

Abdeslam sonrisa

 

Si os fijáis en la boca, podéis ver claramente que la sonrisa no es simétrica. La comisura izquierda está más elevada que la derecha.

Cuando sonreímos de verdad, nuestro músculo cigomático mayor eleva a la vez las comisuras izquierda y derecha (salvo que tengamos un problema en la boca, alguna operación, etc., que no se aprecia en este caso, a juzgar por la foto que maneja la policía).

Así pues, podemos concluir que no se trata de una sonrisa verdadera, de una sonrisa de alegría. ¿Y qué puede ser? Hay dos posibilidades.

  • Que se trate de una sonrisa falsa. Es decir, que Salah se haya forzado a sonreir al ver la cámara, que haya sonreído adrede. Las sonrisas falsas son mucho más habituales de lo que podemos pensar a priori. Muchas veces, ocultamos emociones negativas (miedo, ira, tristeza,…) sonriendo. Hay varios motivos, pero el principal es que la sonrisa es la expresión facial que mejor sabemos hacer “a voluntad”. De hecho, aprendemos a sonreir a voluntad antes del año de vida.
  • Que se trate de una expresión de desprecio. Cuando sentimos desprecio, hacemos una mueca parecida a una sonrisa, pero levantando más una comisura que otra. Para poder asegurar que se trata de desprecio, deberíamos poder ver mejor su expresión facial, ya que los ojos nos darían más información. Normalmente, el desprecio suele ir acompañado de unos párpados superiores hacia abajo. Pero la calidad de la imagen no permite apreciarlo.

En cualquier caso, podemos afirmar que no es alegría lo que siente el terrorista al sonreir en este vídeo. Puede ser cualquier otra emoción, y posiblemente sea desprecio.

Puedes ver la noticia completa pinchando aquí.

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¿Qué tiene que ver Darwin con un meme de internet?

chinos meme

Ya lo dijo Darwin en 1872: la expresión de las emociones es universal en cada especie animal. Después, lo han corroborado otros investigadores, con el catedrático de psicología de la Universidad de California, Paul Ekman como referente mundial. Esta afirmación, que puede parecer poco trascendente, a los que nos dedicamos a la comunicación no verbal nos vuelve locos, por todo lo que implica. Quiere decir que cuando yo siento alegría o tristeza, por ejemplo, las expreso facialmente igual que un caníbal de la tribu de los Fore en Papúa Nueva Guinea (primer grupo étnico que estudió Paul Ekman en los años 60) o un campesino de Guangzhou, o un estudiante de Oslo. Aunque podemos registrar numerosas emociones, y dentro de cada una de ellas, diversos niveles de intensidad, hay siete expresiones faciales básicas universales: la ira, el asco, el desprecio, el miedo, la tristeza, la sorpresa y la alegría. Como véis, hay cinco negativas, una neutra (la sorpresa) y sólo una positiva. Así es la vida… De hecho, en Comunicación No Verbal Científica, sostemos que no sólo las expresiones faciales son universales, sino también muchos de los gestos que hacemos inconscientemente, y en cada artículo os voy dando pruebas de ello.

Bien, pues os quiero mostrar unas microexpresiones (expresiones faciales inconscientes que hacemos sin darnos cuenta y que duran muy poquito, normalmente un cuarto de segundo) de tristeza en la cara de una modelo china. Se trata en concreto de la modelo Heidi Yeh. Esta modelo protagonizó una foto publicitaria que se convirtió en un meme viral. En una entrevista el sábado en la BBC explicaba lo que había pasado con la foto, y cómo le había arruinado la vida. Intenta mantener la compostura durante la entrevista, hasta que empieza a explicar todo el daño que le ha hecho la foto. Fijaos en el min. 1’19 al 1’29.

Podéis ver que en esos 10 segundos las cejas se mueven mucho. Si os fijáis, veréis que la parte interna de las cejas se levantan. Ese es un movimiento típico y único que caracteriza la tristeza. Muchas veces, en las microexpresiones, no se ve la expresión facial completa. En este caso, faltaría el movimiento de boca (comisuras hacia abajo). Eso es por la duración y porque lo que se intenta es reprimir la expresión. La microexpresión suele aparecer cuando intentamos ocultar una emoción. En este caso, supongo que la joven no quiere llorar, pero está contando un hecho muy doloroso en su vida, que le ha supuesto muchos problemas de todo tipo. Su cuerpo lucha por sacar la emoción fuera, y su consciente lo reprime. Por eso, aparecen las microexpresiones. De hecho, a partir del min. 1’30 comienza a llorar. Ya no reprime la emoción. Y las microexpresiones desaparecen.

Todos hacemos microexpresiones, es inevitable; pero, si sabemos leerlas en los demás, podremos saber en qué estado de ánimo real se encuentran. En este caso era bastante evidente, porque se trataba de reprimir una emoción pero sin intentar taparla con otra. Sin embargo, en muchas ocasiones, lo que hacemos es tapar una emoción poniendo otra encima (por ejemplo, intentamos aparentar alegría cuando en realidad sentimos ira). Y ahí es cuando el trabajo del analista se hace tan difícil como apasionante.

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La ira de Frank Cuesta

frank cuesta sanpaku

Ayer, Frank Cuesta colgó en su perfil de facebook un vídeo. En él, denunciaba el acoso que estaba sufriendo por parte de algunos internautas en relación a la desgracia personal que está viviendo debido al encarcelamiento de su mujer. Aparte de expresarle toda mi empatía desde aquí, os quiero explicar un micropicor que tiene en tres ocasiones durante el vídeo y que implica ira.

Primero, mirad el vídeo. En concreto los minutos 3’49, 6,13 y 13’30.
https://www.facebook.com/OfficialFrankCuesta/videos/976473079066016/

frank cuesta micropicor mandibula

Frank se rasca la mandíbula. Nos pica la mandíbula cuando tenemos ganas de “morder”, cuando sentimos ira y reprimimos la agresividad.

Y ahora fíjate en otro gesto que repite 10 veces a lo largo del vídeo (min. 5’07, 5’56, 6’57, 7’34, 8’50, 9’27, 10’28, 11’12, 12’16 y 14’20). Se ve cómo mueve su lengua por dentro de la mejilla. Es un gesto que implica que se está reprimiendo la agresividad.

frank cuesta lengua mejilla

En repetidas ocasiones, Frank Cuesta saca la lengua. En Comunicación No Verbal Científica hay 10 formas de sacar la lengua definidas y etiquetadas. En esta ocasión, la forma en que la saca significa que retiene las palabras. Lo cual es totalmente coherente con el resto de gestos y con su discurso. Frank está intentando explicar de forma sobria y comedida algo que le duele y le indigna.

frank cuesta lengua

Por último, fijaos en la primera foto: la parte de abajo de la esclera (la parte blanca del ojo) aparece en muchos momentos del vídeo. Tiene un sanpaku inferior, que es indicador de molestia.

Frank Cuesta se muestra en su gestualidad totalmente coherente con su discurso. Un discurso de una persona dolida por su situación personal y que reprime su ira hacia quienes aprovechan para atacarle.

Mucha suerte, Frank.

 

La guerra de banderas y la autoridad de Artur Mas

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Ayer pudimos asistir al envenenamiento político de una fiesta tradicional como la Mercé. Un grupo de políticos se agolpan en el balcón del Ayuntamiento de Barcelona cuando comienza un auténtico forcejeo por ver quién pone qué bandera.

En toda esta pelea, nos fijamos en la figura de Artur Mas, que permanece a un lado de la escena. En los primeros segundos, podemos ver cómo se Mas se intenta mantener al margen de la situación, llegando incluso a mirar hacia otro lado (min. 0’23). Pero enseguida decide meterse a hacer callar a la concejala del PP, Angeles Esteller, con un gesto de la mano derecha arriba y abajo (min. 0’27).

El gesto que te quiero mostrar hoy es el que viene en el min. 0’37. Artur Mas se coge las solapas de su chaqueta y da un pequeño tirón. Esto es una microtracción. Hacemos este gesto semi-consciente (en un principio, lo hacemos sin darnos cuenta, pero podemos llegar a percatarnos de que lo estamos haciendo) cuando queremos reafirmar nuestra autoridad. Angeles Estellés le ha contestado y Artur Mas se reafirma como la persona dominante en ese intercambio de comunicación.

Éste es un gesto habitual por ejemplo en una negociación, o entre un jefe y un trabajador que discuten. La persona que considera que debe tener la posición más dominante es la que va a hacer la microtracción.

En cuanto a la sonrisa que han comentado varios medios que dibujó Artur Mas y de la que he puesto la foto más arriba, siento decirte que no puedo confirmar que se trate de una sonrisa verdadera. Para que sea una sonrisa verdadera (llamada sonrisa de Duchenne en honor al neurólogo francés Guillaume Duchenne), tenemos que ver el movimiento de dos músculos: el músculo cigomático mayor, que es el responsable de que se estiren las comisuras de los labios hacia fuera y suban nuestras mejillas, y el músculo orbicular, que es el músculo alrededor de los ojos que hace que nos salgan las famosas patas de gallo. El primer músculo nos resulta bastante fácil de mover a voluntad. De hecho, lo hacemos de forma voluntaria desde que tenemos unos dos años. Y sonreímos por cualquier motivo, incluso para gestionar emociones negativas.

Pero el orbicular es más difícil de fingir, de hacer adrede. Por eso, para considerar que una sonrisa es verdadera, debemos ver los dos músculos en acción. En esta fotografía, debido a la posición de Mas, con el mentón hacia abajo, así como sus gafas, no puedo ver con claridad si se trata de una sonrisa verdadera o no. Es decir, que podría ser una sonrisa verdadera, causada de forma espontánea, porque la situación le gusta, le alegra. O bien, podría ser una sonrisa falsa, en la que sólo mueve la boca y las mejillas, que podría estar motivada por una emoción positiva (se alegra de la situación), o también por una emoción negativa (se siente incómodo con la discusión). ¿Qué crees tú?

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10 curiosidades sobre Comunicación No Verbal Científica que (quizás) no sabías

Curiosidades sobre Comunicación No Verbal Científica

1- La comunicación no verbal, esto es, todo lo que no es el discurso de la palabra, representa un 93% de la información en un proceso de comunicación en el que intervengan emociones o afectividad. Este dato no lo doy yo ahora, sino que proviene de Albert Mehrabian, y es de 1972.

2- Tenemos unos 86.000 millones de neuronas al nacer. Y cada día se nos mueren 86.000, una por segundo. Aún así llegamos a la vejez con muchas neuronas (a los 80 años, se nos habrían muerto unos 2.500 millones de neuronas).

3- Hay cientos de micropicores definidos por todo el cuerpo en Sinergología (rama que estudia los gestos inconscientes y semiconscientes del cuerpo y la cara, y en la que se apoya la comunicación no verbal científica). El micropicor se produce por una vasodilatación de los músculos o partes del cuerpo que desearíamos activar pero que controlamos. ¡Y cada micropicor significa una cosa!

4- Hay 9 posiciones sentadas en la silla definidas en Sinergología, y cada una tiene un significado muy concreto. Este conocimiento nos es muy útil a la hora de negociar o de detectar mentiras, por ejemplo.

5- Existen 7 expresiones faciales básicas, comunes a toda la especie humana, pero hay más de 10.000 expresiones secundarias catalogadas. Según Eric Patterson, la función más importante de una expresión facial es que la otra persona sepa cómo vamos a actuar.

6- Los bebés de 18 meses ya son capaces de sonreir a voluntad. La sonrisa es la expresión facial que más fácilmente fingimos; incluso, la utilizamos para gestionar emociones negativas.

7- El tacto es fundamental en la comunicación no verbal. Lo demostraron en la Universidad de Purdue (EEUU), en la que una psicóloga se hacía pasar por bibliotecaria. Cada vez que un estudiante le preguntaba algo, le tocaba levemente mientras les daba la indicación, y sin sonreir. Luego les pasaron un cuestionario, y, sorprendemente, casi todos creían que les había sonreido y que no les había tocado.

8- Las mujeres no nos tocamos más el pelo que los hombres, contrariamente a lo que se piensa. Las personas que tienen el pelo largo, y por tanto, lo tienen más presente, son las que más se lo tocan. Independientemente de su sexo.

9- La forma en que alguien te da la mano te proporciona muchísima información, que luego puedes utilizar en la conversación. Puedes saber si esa persona es dominante, sumisa, se siente superior a ti, si le interesas o no…

10- Tardamos sólo un quinto de segundo en hacer un primer juicio de alguien. Y eso nos ha permitido hasta la fecha sobrevivir como especie.

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Ser más cercanos con la cabeza

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Aunque es la parte del cuerpo que seguramente más presente tenemos, suele ser la que más difícilmente controlamos. Nuestra cabeza gira de derecha e izquierda, se ladea hacia el hombro derecho e izquierdo y sube y baja sin que nos demos apenas cuenta. Podemos intentar controlar sus movimientos durante un rato, pero, en cuanto nos enfrascamos en la conversación, se acabó; vuelve a tener vida propia.

Aun con esas limitaciones, podemos intentar ser más cercanos cuando hablamos con alguien, a través de nuestra posición de la cabeza.

Imagínate una conversación con alguien. Estáis hablando y te dice algo que no te gusta. Y para mostrarle tu desaprobación, es muy probable que le digas algo así como “¿perdona?” mientras giras tu cabeza para mostrarle tu lado derecho de la cara. Esto lo haces para poder mirarle con tu ojo derecho. Por contra, cuando estés a gusto con alguien, cuando te estés dejando llevar, lo más probable es que le muestres más bien tu lado izquierdo de la cara. Nuestro lado derecho es más controlador que nuestro lado izquierdo, y nuestro lado izquierdo es más emocional que nuestro lado derecho.

Lo mismo más o menos ocurre con la inclinación de la cabeza hacia el hombro derecho o hacia el hombro izquierdo. Por ejemplo, para un profesor, lo ideal es encontrarse con alumnos que, al recibir la lección ladean su cabeza hacia la izquierda. Eso significa que están a gusto en la situación.

Por último, el tercer eje de la cabeza es el sagital. Subimos y bajamos el mentón contínuamente. Aunque, fíjate que hay personas que por la calle andan con el mentón muy levantado o o con el mentón muy bajo. Eso ya nos da una pista de cómo puede ser su carácter. El mentón hacia arriba es un signo de prepotencia, de ira o de miedo disfrazado de ira (en situaciones de agresividad, podemos hacernos los fuertes levantando el mentón). Por el contrario, un mentón muy bajo, prácticamente pegado al cuello, nos muestra a una persona sumisa o tímida. Pero, ¿qué hay del mentón ligeramente bajado? Pues que es un signo de acercamiento. La persona que, en una conversación contigo, o al verte, baja ligeramente el mentón está abierta a la comunicación contigo. Y sí, es un gesto de seducción. De hecho, te propongo que te vayas al espejo y te mires. ¿Cómo te ves más seductor/a? ¿Con el mentón hacia arriba o ligeramente hacia abajo?

 

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Mucha sonrisa falsa

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¿Sabías que aprendemos a sonreir voluntariamente a partir del año y medio de vida? La sonrisa es la expresión facial que mejor controlamos. De hecho, sonreimos por todo, hasta para gestionar emociones negativas. Si no, que se lo digan al ex-ministro Wert cuando le hicieron el desplante los estudiantes universitarios (min. 0’20).

Pero, entonces, si sonreímos por cualquier cosa y en cualquier situación, ¿cómo podemos saber cuando alguien nos sonríe de verdad? La respuesta no la tienes que buscar en la boca. La respuesta está en los ojos.

Cuando sonreímos, activamos el movimiento del músculo cigomático mayor (el que lleva las comisuras de los labios hacia atrás), pero también activamos el músculo orbicular (el músculo que hay alrededor de los ojos).

Si bien tenemos mucho dominio sobre el cigomático, nos cuesta mucho más mover a voluntad el orbicular.

Pero cuando movemos el músculo cigomático mayor adrede, normalmente la sonrisa no es simétrica y levantamos una comisura más que otra. La sonrisa verdadera, la que nos sale espontánea, es simétrica.

Adivina quién sonríe de verdad y quién no en esta foto:

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Otro detalle muy importante en el que te tienes que fijar es en las arruguitas que salen en los laterales de los ojos o patas de gallo. Ésas son las que te dan la pista definitiva de si te están sonriendo de verdad o no. Fíjate en estas dos fotos de Julia Roberts. ¿Ves la diferencia en los ojos?

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En cuanto a los ojos, también diferenciamos la sonrisa verdadera de la que no lo es por el brillo especial que adquieren los ojos cuando sonreímos de verdad.

Pero, ¡cuidado! Tienes que poner en cuarentena las sonrisas de las personas que están operadas de cirugía estética en la cara o que se han inyectado bótox. Porque, aunque de verdad estén felices, sus músculos han perdido sensibilidad y no les responden igual.

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Cuando Donald Trump pierde los papeles

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Ayer, 6 de agosto, tuvo lugar el primer debate para elegir candidato republicano a la presidencia de EEUU.  No faltó a la cita el multimillonario Donald Trump, que ahora se dedica a escalar en política a base de crear polémicas como las críticas a los immigrantes mexicanos.

En esta ocasión, analizamos un gesto que hizo durante una de sus intervenciones en el debate. El periodista había cuestionado su capacidad para gestionar la nación, dado que había llevado a la bancarrota a alguna de sus propias empresas. Trump comenzaba a contestar negando la bancarrota, cuando el periodista le interrumpe diciendo que eso es mentira. Trump deja de hablar, y mientras le dice “¿qué estoy diciendo?” (min. 1’03), podemos ver una microexpresión de ira en sus cejas y en su boca junto a un sagital superior (levanta el mentón). Alguien le ha interrumpido y eso le irrita y hace que salga su lado más provocador. Pero lo más interesante de este momento es la posición que adoptan sus manos, que clasificamos como M1, cuando abre los brazos. Sus muñecas están vueltas con los pulgares hacia fuera. Esta postura de las manos nos indica que no está de acuerdo con lo que verbalmente está defendiendo.